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Señalan las crónicas que una vez retirado del boxeo activo, cada vez que subía a un ring a dirigir a algún modesto pupilo, la ovación del público se hacía interminable. Fue un campeón querido, un boxeador que vivió en el corazón del pueblo. Falleció hacia fines de 1927.
Por Andrés Figueroa Gómez
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