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Aniceto Morales: El poeta maldito de las torres San Borja E-mail
Lunes, 01 de Febrero de 2010 23:43

Por Jorge Sánchez de Nordenflycht

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A un costado de la torre n°3 de la remodelación San Borja, edificio ubicado frente a la salida sur del metro Universidad Católica, se puede distinguir una placa recordatoria donde se lee:
“In memoriam Aniceto Morales Bórquez. Tito.
Q.E.P.D.
Los 29 años de su existencia nació, vivió y falleció al alero de esta torre”.

Firmada por sus familiares y amigos, la placa de metal, ya oxidada y cercada de flores mustias, transmite el dolor que provocó la repentina muerte del joven poeta.

Aniceto, más reconocido entre sus cercanos como “Tito”, era el mayor de tres hermanos. Según cuenta su madre, Laura Bórquez Montaña, profesora de Estado en Castellano, él siempre se caracterizó por tener un carácter inquieto, apasionado, explosivo, y un intelecto por sobre la media. Fue miembro fundador de la barra “Los de Abajo” y siendo muy pequeño comenzó a cuestionarse el mundo; el por qué de las cosas absurdas en nuestra sociedad.

Estudió geografía en la Universidad de Chile, carrera de la cual fue expulsado luego de sostener un confuso altercado con las autoridades académicas. Desde entonces, dice la señora Laura, en medio de una melancolía que se le arranca por los ojos, Aniceto inició una búsqueda poética que lo llevó a participar en la Sociedad de Escritores de Chile. Sin embargo, nunca pudo perseverar en dicha institución, pues sufría de una fuerte depresión bipolar que alteraba radicalmente sus estados de ánimo y que, en consecuencia, también truncaba su creación literaria. Así, remata la señora Laura, mientras bebe una taza de té en el mismo departamento donde residió junto a su hijo, se hizo frecuente verlo deambular por los alrededores de la remodelación y recurrir a los vicios.

Juan, Alfonso y Arnoldo, son conserjes y trabajan hace más de veinte años en la torre n°3. Para ellos “El Tito” parece ser un personaje inolvidable y, a la vez, incansable. Recuerdan, en tanto dibujan una leve sonrisa, que solía pasarse las noches en las escaleras o bodegas del edificio, cantando canciones de La Polla Records, leyendo enormes libros y macheteando plata para comprar cigarrillos o cerveza. “En el último tiempo igual se le vio bien acompañado de su “compare”, “El Feña”, afirma Alfonso.

Fernando Valenzuela, “El Feña”, antiguo residente de la torre n°3, conoció a su vecino Aniceto cuando éste tenía veinticinco años y él tan sólo quince. Pese a la brecha de edad que los separaba, asegura que forjaron una gran amistad y valora el hecho de haber compartido la cotidianeidad con “El Tito”. En sus ratos libres se reunían para conversar, fumar unos cigarros, o tomar unas chelas, y escuchar música en alguno de los espacios comunitarios del edificio. “Pa’ mí ‘El Tito’ era un loco genial. Aunque era súper crítico del sistema y tenía conflictos existenciales cuáticos, era re-inteligente el loco, siempre andaba escribiendo, recitando poemas y dándome lecciones de filosofía, política… Si al final, antes que se matara, estaba estudiando sociología y le pegaba caleta”, relata bajo su gorro chilote.   

Para Fernando, Aniceto se suicidó y no cree en la versión oficial de que se cayó accidentalmente del balcón de su departamento, en el piso dieciocho, después de amenazar a su progenitor con quitarse la vida. Antaño “Tito” le habría confidenciado que no pasaría de los treinta años: “y ya ves, murió a los veintinueve”, dispara.

Hoy, los transeúntes se asombran al divisar aquella atípica placa recordatoria en la torre n°3, y los gatos malditos de Baudelaire merodean el sitio en que Aniceto Morales Bórquez, trascendiendo al olvido, terminó de escribir su trágica y romántica historia.

 

Comentarios (10)
  • Daniel  - Tremendo Caracho
    Seguro que como el "Tito" deben haber varias mentes brillantes deambulando por la ciudad, sin querer integrarse a un sistema que viaja muy por debajo de sus expectativas.
    Salud!
  • Jorge  - salud y república
    Así es, personas de otro siglo, de otro tiempo, personas que no están dispuestas a luchar contra lo inevitable.
    Locos brillantes que asustan, que dan envidia...
  • Diego
    Locos geniales que asustan, exactamente. Que viven en la incertidumbre que nos aterra
  • Jorge  - incertidumbre
    sí, cómo nos asusta la incertidumbre en un mundo programado como el actual.
  • nombre  - riesgo
    eso no es más que la aversión al riesgo de cada ser de la sociedad actual.
  • gaby  - corazón!
    Más allá del contenido del artículo -que me parece muy interesante- quisiera destacar el corazón puesto en sus letras. Imagino la importancia que estos párrafos tienen para el autor.
  • Jorge
    muchas gracias por la observación Gaby... Así es, en cada párrafo hay un pedazo de mi propia historia.
  • Mav
    Sin duda un loko que vivio siempre al extremo!!

    Salud
  • Rodolfo  - Sorprendente historia
    Hola. Soy vecino de la torre 7 y andaba buscando información sobre las torres a raíz del terremoto recién pasado, y me encuentro con esta hermosa historia. Por un momento se me olvidaron las réplicas e imaginé, sin conocerlo, como el Tito hubiese descrito ese momento.
    Saludos y felicitaciones. Cuando vuelva a pasar por esa torre buscaré la placa y me prenderé un puchito para meditar.
  • Jorge Sánchez
    Rodolfo, muchas gracias por tu comentario. Yo viví durante 18 años en la torre 3, y ahora estoy preparando un reportaje acerca del Tito; es un personaje que no puede quedar tan en el olvido.

    Saludos y tranqui, que esas torres no se caen ni con una bomba atómica.
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